Mientras tú dormías, mi corazón temblaba de frío, quise arroparlo, pero te arropé a ti. No lo sentiste, pero te cubrí el cuerpo delicadamente con la sábana, te acaricié la espalda esperando que sintieras a través del suave movimiento de mi mano, cuánto necesitaba que despertaras. Necesitaba decirte lo que sentía, necesitaba un abrazo tuyo, necesitaba sentir que me amabas. Pero tú seguías durmiendo. En lo profundo de tu sueño ignorabas mi dolor y mi necesidad de un abrazo fuerte y sincero. Un abrazo que disipara mis dudas y mis miedos. Un abrazo que me diera la confianza en tu sentir. Y me quebré. No pude más y te desperté, no debí hacerlo. No querías hablar, no querías escuchar, no querías abrazar. Y me volví a quebrar. Me dolía el pecho, no podía aguantar más estar aquí, quería huir a otro sitio, donde pudiera sacar con llanto mis miedos y mi dolor. Me aislé, lloré hasta ya no poder más y caí rendida. Desperté, me recosté a tu...