La bicicleta azul con destellos plateados

La bicicleta azul con destellos plateados

Era un día como cualquier otro de hace 18 años. Tenías 16. Tu mañana transcurrió sin incidente alguno, te levantaste, fuiste a la escuela, tal vez llegaste algo tarde porque te encantaba dormir. Hiciste algunas bromas durante la clase como era tu costumbre. Conviviste con tus compañeros y pasaste el rato con tu novia de aquel tiempo. Al salir de clases te fuiste con ella hacia el centro del pueblo. Se dirigieron al departamento en el que vivías junto con tu mamá, tu hermana y tu hermano menor Iván, con quien compartías la habitación izquierda (la cual por cierto, estaba en un estado permanente de desorden y olía algo raro). Llegaron a su destino, miraron hacia arriba, tu hogar estaba en el segundo piso, arriba de unos locales comerciales. Abriste la puerta rústica de madera color durazno. Entraron. Ella se sentía incómoda, sabía que a tu mamá no le gustaba que estuvieran solos en el departamento. Pero no lo estaban. Lo sabían porque la bicicleta de Iván estaba al pie de las escaleras. Subieron, el ruido de sus pasos atrajo a alguien que estaba en el departamento. Era Iván. En ese entonces era un niño. Tenía complexión delgada, pero con gran fortaleza y resistencia física gracias al ciclismo que practicaba. Tenía agradables facciones (tu novia pensaba que de grande iba a ser más guapo que tú), ojos grandes y pelo oscuro, con corte medio rebelde y los pelos parados (igual que el tuyo, se veía que te admiraba). Estaba ahí, con una sonrisa de oreja a oreja, simpático, lleno de energía y gustoso de verte, de ver llegar a su hermano mayor. Pasó el rato sin contratiempos, tu novia se fue. Te quedaste con tu hermano en casa, luego llegaron tu mamá y tu hermana y comieron. Por la tarde llegó tu novia a visitarte. Estaban en la plática cuando surgió un evento inesperado: alguien había robado la bicicleta de Iván. Te pusiste furioso, Iván estaba muy triste. Pero no perdiste el tiempo en lamentaciones y pusiste manos a la obra para recuperarla. Saliste a la calle. Al tiempo volviste. Lo habías logrado. Recuperaste la bicicleta. Pudiste identificarla en la calle aún cuando el ladrón la pintó de color azul tipo metálico y le "roció" pintura planteada a manera de destellos o puntos. Eso no le importó para nada a Iván, quien estaba eufórico. Le devolviste la felicidad, te convertiste en su héroe y en el fondo, así te sentías. Esa ocasión, fue una de tantas en las que tuviste oportunidad de demostrarle a Iván cuanto lo amabas. Quienes te conocimos (en cualquier etapa de tu vida), sabemos de ese gran amor profundo que siempre sentiste por él y que manifestaste, por supuesto, a tu manera. Hoy, desgraciadamente, Iván ya no está físicamente. Su partida temprana ha dejado un vacío permanente y un desconsuelo en quienes lo apreciaban y conocían. Y aunque no hay palabra alguna que pueda menguar ese profundo dolor que debes estar sintiendo, quiero que sepas que tengo la certeza de que él jamás los abandonará, pues seguirá vivo a través del recuerdo de quienes, como tú, lo amaron profundamente. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mientras tú dormías