Hace rato que no me sentaba a escribir y no sé por qué porque es algo que disfruto sobremanera. Tengo la mala costumbre de escribir cuando me siento mal, triste, decepcionada o herida. Hace ya unos 15 años o quizá un poco más "comencé" a escribir un "diario". Y digo "comencé" porque ya había hecho un intento fallido en mis años de secundaria, el cual resultó muy mal porque alguien lo leyó y tuvo la indiscreción de contar mis historias, lo cual derivó en una serie de situaciones embarazosas y algo dolorosas. En fin, el nuevo díario lo inicié imitando a mi hermano, quien también escribía uno y a quien siempre he admirado. De hecho, él me lo regaló de un regalo que recibió a su vez de un amigo suyo que lo compró en Estados Unidos. Mi diario es una libreta Scholastic de Harry Potter que tiene en la portada el Expreso de Hogwarts. Lo recibí gustosa porque como buena fan, me sentía especial de tener en mis manos una posesión tan preciada. En aquellos años, muy pocas personas podían tener acceso a esos objetos, y mucho menos nosotros, una familia de pueblo, que tenía algo de dificultades económicas para poder comprarlos y mucha intolerancia a todo lo que tuviera que ver con magia y hechicería. Si supieran cuánto me ayudó emocionalmente -y me ayuda- leer las historias de Harry Potter, si supieran cuán significativo fue para mi sumergirme en un mundo tan distinto y tan humano a la vez y así poder olvidar momentáneamente los sufrimientos de mi vida adolescente y mi "adultez" obligada... pero eso es historia para otra ocasión.
Volviendo al diario, y a pesar de ser un objeto muy especial para mí, por alguna extraña razón decidí llenarlo en su mayoría con mis momentos más infelices. Basta hojearlo un poco para darse cuenta que en sus páginas se encuentran historias de amores frustrados, de dudas, de inseguridades, de sufrimientos y de desilusiones. En ninguna página hay algún momento feliz que quisiera recordar por siempre. Pareciera que estoy programada para empeñarme en revivir lo sufrido, como un eterno recordatorio de lo vulnerable que soy, de mi entrega e ingenuidad, pero sobre todo de cómo regalo lo más valioso de mi a quienes han asegurado amarme. No se necesita mucha imaginación para deducir el resto de su contenido. Por momentos he llegado ha pensar que en realidad me gusta hacerme la víctima de las circunstancias, de la gente, de las decisiones de otros... y aunque pudiera ser parcialmente cierto, lo cierto es que también soy una persona intensa y entregada, que tiene un profundo miedo a la soledad y al desamor.
Ahora mi diario ha evolucionado y ya no solo contiene palabras, las cuales fueron escritas en su mayoría en episodios de llanto y profunda melancolía. Mi diario ahora incluye algunos recuerdos físicos que acompañan sus páginas, como tickets, boletos y otros objetos. Aquellos recuerdos que no han llegado al diario los mantengo en dos cajitas: una de metal y otra de cartón. En realidad no tengo un sistema predefinido para colorcarlos en una u otra caja, solo los atesoro y los reviso con cariño cuando tengo necesidad de recordarme quien soy y como llegué a ser la persona que veo frente al espejo. Mis objetos, a diferencia de mis palabras, si representan momentos felices. Cartas, viajes, visitas a museos, a zoológicos, a sitios históricos, a conciertos, idas al cine, pulseras, pétalos de flores, entradas a bares... En algunos de ellos escribí los nombres de las personas con las que compartí esos momentos. No puedo describir lo hermoso que siento mirarlos y tocarlos, es como revivir cada experiencia. De inmediato vienen a mí imágenes, escenas, olores, sensaciones y conversaciones. Es incríble sentir y pensar nuevamente en las personas con las que compartí, aunque muchas de ellas ya no estén presentes en mi vida, tanto en el plano físico, como en el plano emocional.
Últimamente colecciono etiquetas de cervezas artesanales, las pego en una agenda de Harry Potter (obvio) que no pude utilizar por la pandemia. Éstas tienen un significado diferente aunque similar al de mis objetos. A través de ellas me gusta evocar sabores y conversaciones, momentos vividos con personas especiales. Espero poder tapizar la mayoría de las páginas de la agenda, sería genial. Aún me queda tanto por degustar y por compartir con amigos y personas especiales.
El resto de mis recuerdos, definitivamente el más preciado y más atesorado por mi, reside naturalmente en mi memoria. Espero pronto tener el tiempo y el deseo de compartirlos de manera escrita pero son tan privados y tan especiales que no sé si llegue alguna vez a hacerlo. Naturalmente, algunos de ellos los he compartido en pláticas, pero son tan pocas las personas con las que puedo hacerlo y las que pueden entender su valía, que parece que mis recuerdos y mis historias morirán conmigo. Y en cierta parte me rehúso a no compartirlos. ¿Por qué? Pues simplemente porque mis recuerdos forman parte de mi y no me gustaría que en un futuro, cuando yo ya no esté aquí, me recuerden de una manera equivocada o imprecisa. Al final la gente recordará lo que quiera -si es que me llegan a recordar claro-, pero me gustaría que conocieran mi verdadero yo. Y es algo irónico que me encuentre escribiendo algo tan profundo y tan personal en un blog tan público del que pocas o casi ninguna persona sabe de su existencia. Pero así es la vida de irónica.
Estamos hechos de historias, historias que merecen ser contadas. Espero poder contarte una de mis tantas historias algún día. Prometo incluir efectos especiales y una descripción detallada -y tal vez un poco adornada- de los hechos y de las circunstancias, de las sensaciones y emociones vividas. Tal vez llore un poco, tal vez me ría, tal vez tenga una mirada rara, tal vez creas que estoy un poco loca. Pero ésta soy yo.
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